Navegando en el fin del mundo.
Texto: Camila Rikli
Ph: Tere Pérez
@forasterastravel
En el corazón de toda mujer aventurera existe una chispa que nos empuja a romper límites y a lanzarnos a lo desconocido. Hace unos días, cerramos una travesía de 17 días a bordo del Magellan Explorer, barco propiedad de la empresa Antarctica21, navegando por las remotas islas Falklands y las indomables costas de South Georgia. Fue un viaje inolvidable, de esos que dejan huella: honramos la valentía de los primeros exploradores y comprobamos una vez más cómo las grandes aventuras fortalecen los lazos entre personas con una misma misión en mente.
Entre nuestra tripulación estaba nada menos que Anaïs Afrika, una fotógrafa y guía polar que conocía estas aguas casi como la palma de su mano. La conocíamos hace un tiempo, pero siempre había tenido un aire de leyenda: una exploradora curtida en el Ártico y la Antártica, con un ojo para capturar con su cámara lo que pocos llegan a ver en vivo. No podíamos pedir mejor compañía para un viaje como este.
Anaïs fue un pilar fundamental en el Magellan Explorer: siempre en movimiento, con una energía contagiosa y una pasión que nos mantenía conectadas con el entorno en todo momento. Desde el primer día, fue una especie de brújula, guiándonos con una naturalidad sorprendente. Entre sus cortos descansos y las salidas para capturar la fauna y los paisajes en su cámara, Anaïs se dedicó a compartir con nosotras detalles de estos lugares: los rituales de los pingüinos, los ecosistemas ocultos bajo el hielo y cómo cada iceberg tiene su propia historia en estas regiones cambiantes.
Como testigo presencial de los rincones más inhóspitos del planeta, Anaïs documenta con su cámara la crudeza y la belleza del mundo polar. Su vida gira en torno a la conexión con la naturaleza y al arte de capturar esos momentos, que muchos solo pueden imaginar. También es una guía excepcional en estas tierras extremas. Nos enseñó sobre la fauna, el clima y los ecosistemas que son parte de su vida diaria, convirtiéndose en una intérprete del lugar y regalándonos una extensa comprensión de lo que estábamos viviendo.
Durante este viaje, Anaïs nos transmitió una serenidad y un respeto absoluto hacia el entorno, algo fácil de perder en medio de la emoción y el asombro por la inmensidad de la fauna que nos rodeaba. Gracias a ella, observamos, entendimos y valoramos cada rincón de este fascinante mundo.
Para Anaïs, la fotografía va más allá de capturar una imagen; para ella es una forma de revelar la esencia de los polos como lugares frenéticos de vida. Su conocimiento y su visión se alinearon perfectamente con nuestra misión como Forasteras: explorar con respeto, una mirada abierta y un corazón dispuesto a conectar con cada rincón del planeta. Juntas descubrimos que el mar helado, el viento implacable y las caminatas por paisajes nevados eran oportunidades para unirnos y celebrar lo que realmente significa ser una mujer en movimiento.
Cada día traía consigo nuevos desafíos y descubrimientos. La fauna en las islas era asombrosa, un espectáculo cuidadosamente montado por la naturaleza. Colonias de pingüinos rey nos recibieron en un paisaje cargado de nieve y roca, donde el blanco, el negro y el amarillo de sus plumas contrastaban con la inmensidad del entorno, creando escenas impresionantes. Sus rituales, sus pasos torpes pero decididos y el sonido constante de sus llamados llenaban el aire.
Mientras tanto, en las playas, los elefantes marinos descansaban imponentes, como gigantes que habían conquistado la tierra mucho antes que nosotros. Verlos ahí, tan poderosos, nos hizo pensar en la fuerza implacable de la naturaleza y en su capacidad para imponerse sin esfuerzo. Cada vez que observábamos a estos colosos, entendíamos lo pequeñas que somos frente a la inmensidad del mundo salvaje y lo afortunadas de poder estar ahí, observando su reino.
La capacidad de esta fotógrafa para capturar el momento preciso y la esencia de la vida en estas regiones hizo que nuestra expedición cobrara una nueva dimensión. A través de sus fotografías, el silencio de los fiordos, las montañas nevadas y la presencia imponente de los icebergs cobraron un sentido diferente. Cada imagen fue un tributo a estos lugares remotos y a las historias que guardan, historias a las que Anaïs ha dedicado años de su vida.
Para nosotras, esta expedición despertó nuestra fortaleza interna y nos recordó la importancia de crear redes de apoyo y conexión entre mujeres que comparten la pasión por explorar y preservar el mundo natural. Compartir esta experiencia fue como ver nuestra misión reflejada en otra persona: una mujer que, como nosotras, sigue adelante con valentía, enfrentándose a los desafíos de la vida y la naturaleza.
Estos 17 días en las Falklands y South Georgia quedarán grabados en nuestras memorias y en las impactantes imágenes recolectadas, que permitirán que otros vean, sientan y comprendan, aunque sea solo un poco, estos lugares. Y quizás, al igual que nosotras, se sientan inspirados a proteger y respetar eso que los hace tan especiales.
Con este viaje celebramos la exploración, la amistad y el poder de las mujeres unidas por un mismo propósito. Aprendimos que cuando se comparte la pasión por la aventura y el respeto hacia el planeta, los límites desaparecen y queda la libertad de sentir, conocer y capturar lo que realmente importa.
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