Si alguna vez has caminado entre los paisajes del Parque Patagonia o te has impresionado con los glaciares del Parque Nacional Pumalín, quizás no te diste cuenta de que estabas siguiendo los pasos de una mujer cuya visión transformó el sur de Chile. Kristine Tompkins, cofundadora de Tompkins Conservation, quien es la definición misma de resiliencia, audacia y amor por el planeta.
Antes de conquistar los corazones de los chilenos (y las cumbres de la conservación mundial), Kris era la CEO de Patagonia, la marca de ropa outdoor que además de funcionalidad y estilo, tenía propósito. Pero lo que muchos no saben es que esta vida de oficina y estrategias corporativas no era suficiente para ella. Fue el amor, tanto por la naturaleza como por el carismático Douglas Tompkins, lo que la llevó a dejarlo todo y lanzarse a una misión casi imposible: proteger algunos de los paisajes más espectaculares y amenazados del planeta.
¿Qué hace una gringa comprando tierras en Chile? Esa fue la pregunta que muchos se hicieron cuando Kris y Doug comenzaron a adquirir enormes extensiones de terreno en el sur de nuestro país. Mientras algunos desconfiaban de sus intenciones, la pareja trazaba un plan que consistía en comprar tierras privadas, restaurarlas y luego donarlas para crear parques nacionales. Sí, donarlas. Lo que para algunos es una locura, para Kris era el deber más básico. ¿La meta? Que esos paisajes quedaran protegidos para siempre, mucho después de que su nombre desaparezca de los titulares.
Kris no llegó a cambiar el mundo con discursos ni promesas vacías. Lo hizo con acción: rewilding (la restauración de ecosistemas a su estado natural), plantación de millones de árboles nativos, reinserción de fauna emblemática como el puma, y una colaboración incansable con comunidades locales. Su capacidad para negociar con políticos, campesinos y activistas por igual demostró que el cambio real no se da en la torre de marfil, sino con las botas bien puestas y las manos en la tierra.
Hoy, los parques nacionales que ayudaron a crear atraen a aventureros de todo el mundo, pero el impacto de Kris no termina ahí. Ella inspira, y no de esa manera cliché de “sé tú mismo”. Es el tipo de inspiración que te hace querer dejar tu oficina y luchar por algo más grande que tú. Es un recordatorio de que si es posible que una sola persona (o mejor dicho, una pareja visionaria) puede cambiar el curso de la historia.
Tuvimos el inmenso privilegio de conocer a Kristine en el Festival Ladera Sur, y no exageramos al decir que fue uno de esos momentos que te llenan de orgullo y te sacuden el alma. Verla ahí, con su humildad y su pasión por lo que hace, hablando sobre su visión, fue una experiencia que nos recordó por qué hacemos lo que hacemos. Escucharla compartir sus historias y proyectos nos inspiró y nos reafirmó que cada acción cuenta cuando se trata de cuidar este planeta. Que la pasión sin acción es solo un hobby. Que la conservación no es una moda, sino una necesidad. Y que, si amas algo profundamente, tienes que estar dispuesto a luchar por ello, cueste lo que cueste.
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